La puerta sur de Augelmir.


Mientras accedía a la ciudad de las Mil Torres por la entrada sur, el desconfiado enano examinó a los guardias que imponentes custodiaban el paso de viajeros, comerciantes y milicianos.

- Tu ¡Mediohombre! – Gritó señalando hacia él uno de los guardias desde el estrado donde vigilaba, de un salto se interpuso entre el enano y la ciudad - ¿Qué te trae a Augelmir?

- Negocios. – Respondió en común sin levantar la vista.

- ¿Negocios? ¿Con qué gremio? – Dos soldados se acercaron siguiendo a su compañero y se desplegaron a los flancos del extranjero despejando de gentío el área. – Para comerciar en la capital debes tener un permiso gremial por escrito, ¿Lo sabes?

- He dicho que vengo por negocios, no a comerciar.- Volvió a responder el enano en común.

Al abrirse hueco a su alrededor los soldados se pusieron en guardia alertados por la cantidad de empuñaduras que asomaban bajo la lona que usaba como capa.

- Va armado, atentos. – Advirtió el soldado dando un paso atrás. - Necesitaremos un nombre o no se te permitirá la entrada.

El enano, cansado, introdujo la mano bajo su cota de mallas y como relámpagos todos los soldados desenvainaron listos para el combate con una formación impecable. De la armadura extrajo una pequeña pieza dorada que mostró al soldado que lo interrogaba.

-Sabes lo que es, joven. Tu sacerdote tuvo que instruirte muy mal si no es así.

- Acompáñame a la torre de guardia mientras prepararemos una custodia de urgencia para escoltarlo hasta palacio. – El guardia dio tres pasos hacia la torre y se volvió para comprobar que el enano lo seguía. Este, sin levantar la vista, guardó el objeto de donde lo sacó y comenzó la marcha hasta donde le indicó el nervioso guardia.

Solo dos soldados se quedaron haciendo guardia en la puerta sur de Augelmir. El resto desapareció apresuradamente siguiendo ordenes de los mandos que gritaban exigiendo eficiencia en la formación de una patrulla lista para escoltar al recién llegado. La normalidad se impuso en un instante. El paso de la gente dividía el camino en dos corrientes de individuos, los que entraban y los que salían. Desde el estrado que les permitía una posición elevada uno de los soldados se volvió cuando perdió de vista la patrulla que se dirigía al Palacio.

- Serán recibidos en audiencia por el gran Uriens V Odinkar y nosotros aquí vigilando.- Gruñó a su compañero.

- ¿Crees que es verdadero?

- ¿El sello?

- Si.

- Nadie osaría tocar un asunto como ese sin que sea verdad. Preparémonos para la gran guerra, el Ejercito Negro volverá a recobrar su esplendor…

- Soltar, Zamordax y Zelmarine te escuchen. – Dijo apretando la empuñadura de su espada larga.

José Valverde. Rolero #OSR adicto al #tecnorol. Dungeoneo a tope con Miguelako, mi hijo, siempre que sacamos un rato.

3 comentarios:

  1. Oh, aventuras en Ungoloz, promete :)

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    1. Una alegría k te mole! Es una ideilla sin pretensiones... Sigo liado con La tumba de Koth, el turbio. Y hasta k no la tenga no me meto en otra XD

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